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Alerta por peligroso ‘reto de las 48 horas’: adolescentes desaparecen, no contestan y ocultan su paradero a su familia por varios días

Un cartel de búsqueda en la pared de un dormitorio simboliza la alerta por la desaparición de un adolescente. (Imagen Ilustrativa Infobae)
En Perú,elreto de las 48 horasplantea que adolescentes y menores de edad desaparezcan sin aviso, corten toda comunicación y oculten su paradero durante dos días. La dinámica expone a quienes participan a riesgos físicos y transforma su ausencia en una emergencia para familiares, amistades y autoridades.
La consigna circula en redes sociales y premia la repercusión de la supuesta desaparición. Cuantas más publicaciones, consultas y mensajes generen el caso, mayor sería la cantidad de “me gusta” que podría recibir el participante. Las primeras alertas sobre este tipo de desafío datan de 2017 y se advirtió recientemente sobre su reaparición.
El fenómeno adquiere otra dimensión en Perú, donde las denuncias por desaparición alcanzaron 20.947 casos en 2025. La cifra superó los 17.737 registros de 2024 y los 18.192 de 2023. Entre enero y julio de 2026, el Registro Nacional de Información de Personas Desaparecidas ya contabilizaba 12.531 denuncias.
La ausencia de un menor debe activar una búsqueda inmediata
Cada denuncia moviliza a familias que intentan reconstruir los últimos movimientos de la persona desaparecida, contactar a amistades y recorrer lugares que podrían aportar información. También requiere la intervención de las autoridades, que deben activar los mecanismos de búsqueda sin demoras ni supuestos sobre las causas de la ausencia.
La posible circulación del reto puede introducir confusión en las primeras horas. Una familia podría interpretar que el adolescente decidió participar en una tendencia viral, mientras que la ausencia puede responder a una situación de peligro, una captación por parte de terceros, un accidente o cualquier otro hecho que requiera una respuesta urgente.
Por ese motivo, no corresponde esperar 24 ni 48 horas para denunciar la desaparición de un menor. La comunicación debe realizarse en el momento en que se advierte que no regresó a su casa, dejó de responder llamados o mensajes, o nadie conoce con certeza dónde se encuentra.

El aislamiento durante dos días aumenta la exposición a peligros
La mecánica del reto exige que los participantes no informen su ubicación, no respondan a su entorno y permanezcan fuera de contacto durante 48 horas. En la práctica, esto puede llevar a que un menor abandone su hogar sin acompañamiento, se traslade por zonas desconocidas o acepte encontrarse con personas cuya identidad no fue verificada.
El riesgo se agrava si el adolescente carece de recursos, se aleja de los lugares habituales o depende de contactos que conoció en internet. La falta de información sobre su ubicación impide que la familia pueda intervenir ante una eventual situación de violencia, acoso, explotación, consumo de sustancias o emergencia de salud.
La desconexión también reduce las posibilidades de pedir ayuda. Un menor que enfrenta una situación imprevista puede no contar con una persona adulta de referencia, medios para volver a su casa o una red cercana que conozca su recorrido. Ocultar el paradero durante dos días puede convertir una conducta impulsiva en una situación de vulnerabilidad.

Las publicaciones en redes amplifican la angustia de las familias
Las redes sociales suelen convertirse en uno de los primeros espacios donde se advierte una desaparición. Ante la falta de respuestas, familiares y amistades comparten fotografías, piden información y solicitan que otras personas difundan el mensaje. Esas publicaciones, que buscan localizar al menor, pueden terminar por alimentar la visibilidad que persigue el desafío.
El incentivo de recibir reacciones, comentarios o menciones convierte la preocupación colectiva en parte de la dinámica. La atención digital puede crecer mientras el adolescente permanece oculto, sin considerar que detrás de cada publicación hay personas que desconocen si se encuentra a salvo y autoridades que deben valorar la gravedad del caso.
Las cuentas que promuevan estos contenidos deberían ser reportadas en las plataformas donde aparecen. La difusión de retos que alientan a menores a cortar vínculos con su entorno requiere una respuesta preventiva, sobre todo cuando la consigna presenta la desaparición como una forma de obtener reconocimiento o popularidad.

Adultos y escuelas pueden detectar señales antes de una ausencia
El acceso cotidiano a celulares, tabletas, videos y foros facilita que niños y adolescentes entren en contacto con desafíos virales sin que los adultos conozcan siempre su contenido. La prevención requiere conversaciones directas sobre los riesgos de ocultar la ubicación, dejar de responder mensajes y aceptar indicaciones de personas desconocidas.
Padres, docentes, directores, familiares y amistades pueden prestar atención a cambios de conducta, comentarios sobre desafíos en línea o planes para ausentarse de la casa. No se trata de vigilar cada interacción digital, sino de establecer canales de diálogo que permitan a los menores pedir ayuda sin temor a sanciones inmediatas.
También resulta necesario explicar que una denuncia por desaparición no debe relativizarse por la sospecha de un reto viral. La existencia de esta tendencia no descarta que el menor enfrente un riesgo real. Cada caso exige una evaluación inmediata y una búsqueda basada en información concreta sobre sus últimos contactos, desplazamientos y vínculos.

Los datos oficiales muestran un problema que demanda respuestas rápidas
Las 20.947 denuncias registradas en 2025 reflejan la magnitud de las búsquedas que deben afrontar las instituciones y las familias en Perú. El aumento frente a los dos años anteriores añade presión sobre los sistemas de denuncia, localización y acompañamiento, que necesitan actuar desde las primeras horas.
Los 12.531 casos informados entre enero y julio de 2026 muestran que el problema persiste. Detrás de cada registro existe una persona cuya ubicación se desconoce y un entorno que intenta obtener respuestas. En ese escenario, los desafíos que banalizan la desaparición pueden afectar la percepción social de una situación que requiere atención inmediata.
La recomendación central ante cualquier ausencia de un niño o adolescente es actuar sin demora: comunicarse con familiares y amistades, conservar los datos disponibles sobre sus últimos movimientos y formalizar la denuncia. La reacción temprana puede aportar elementos para la búsqueda y evitar que una desaparición quede reducida a una tendencia de redes sociales.