Día de Muertos 2026: la celebración mexicana que conquista al mundo con humor y tradición

Catrinas coronadas con flores cempasúchil, carros alegoricos y una multitud de turistas fueron algunos de los protagonistas de la décima edición del Gran Desfile de Día de Muertos, en Ciudad de México | Fuente: EFE | Fotógrafo: Tomás Pérez
La festividad trasciende las fronteras de México con sus altares, calaveras y catrinas. El artista Manuel Álvarez Junco explora en un libro la historia de esta tradición y el legado del grabador José Guadalupe Posada.
En la última década, el Día de Muertos ha pasado de ser una celebración principalmente mexicana a convertirse en una festividad de alcance global. Altares, calaveras y catrinas decoran hogares alrededor del mundo, mientras que esta semana se prevén desfiles en ciudades como Madrid, Nueva York y Tokio.
«Todos somos calaveras potenciales y somos no calaveras potenciales solo, sino calaveras del montón», explica en una entrevista con EFE Manuel Álvarez Junco, autor de Una calavera del montón. Humor y muerte.
En su libro, el investigador y artista gráfico recorre la historia de las representaciones visuales de la muerte y analiza cómo el ingenio puede funcionar como un «bálsamo» frente a lo que considera «el acoso más grande que hay en nuestra vida».
Del humor de la Antigua Grecia al folclore mexicano
Álvarez Junco llevaba décadas investigando el humor gráfico y sus mecanismos de transgresión. Aunque la idea de abordar la muerte siempre le había rondado la cabeza, confiesa que no se atrevía a hacerlo debido a la visión solemne que impera en España.
Fue precisamente el Día de Muertos el que le permitió encontrar la intersección perfecta: una «curiosa mezcla» entre humor y muerte que le dio la clave definitiva para desarrollar su obra.
Uno de los grandes aportes del libro es poner en valor el carácter mestizo de esta celebración. Para comprender sus particularidades, Álvarez Junco rastreó las raíces europeas y las aproximaciones humorísticas a la muerte desde la Antigua Grecia y Roma, pasando por las danzas macabras de la Edad Media y el Día de los Inocentes en España.
Al entrelazarse con el mundo indígena mesoamericano, que ya incorporaba la música, la danza y el alboroto en sus rituales sagrados o mitotes, estas tradiciones dieron lugar al sincretismo que hoy conocemos.
José Guadalupe Posada, el artista detrás de la Catrina
Durante la presentación del libro en la Casa de México en Madrid, el historiador mexicano Agustín Sánchez González, quien colaboró con el autor durante la investigación, destacó la profunda ironía de que José Guadalupe Posada, célebre por sus catrinas y considerado uno de los artistas mexicanos más reconocidos internacionalmente, muriera en el anonimato.
«Posada nació el día que murió», sentenció Sánchez González, al recordar que el grabador, ilustrador y caricaturista falleció en el barrio de Tepito y terminó en una fosa común, convertido literalmente en una «calavera del montón».
Posada creó la imagen de la Catrina con sombrero que hoy es popular en todo el mundo. Álvarez Junco le atribuye un mérito fundamental: haber despojado a la muerte de toda mística.
«No tiene nada de religioso, ni de lo religioso español ni de lo religioso mesoamericano. Es totalmente laico y totalmente seco», señala el autor.
Esa visión realista de la muerte podría explicar parte del éxito de «la flaca», pues no tiene un propósito moralizador, sino que recuerda con humor nuestro destino inevitable.
El Día de Muertos, una tradición en constante evolución
Lejos de ser una tradición estática, el Día de Muertos es una celebración viva y en transformación. La globalización y el consumo de masas han contribuido a popularizarla, impulsados por fenómenos culturales como la película de Pixar Coco y la cinta de James Bond Spectre.
Álvarez Junco considera que la adopción de calaveras y disfraces festivos en distintas partes del mundo responde a un deseo humano universal: sobrellevar la tragedia y reírse de la mortalidad.
Frente a la solemnidad tradicional, el humor demuestra que «hay más vida que muerte», como apuntó Agustín Sánchez.
Con su libro, el escritor busca, en sus propias palabras, «abrir un melón», es decir, ofrecer un punto de partida para seguir explorando cómo, más allá de las diferencias culturales, el humor puede ayudarnos a afrontar la muerte y recordarnos que, al final del día, no hay nada más democrático que terminar convertido en una calavera.